Algo extremadamente raro

Hoy ha pasado algo extremadamente raro. Mientras revisaba fotos de archivo, me he encontrado una foto del año 2013 que no recuerdo haber hecho:

Un puesto de helados que dice "Helados italianos". Sobre la cristalera de la nevera se apoya un hombre joven, con un tatuaje en el brazo, un fino bigote y el pelo repeinado, mientras mira a la cámara.
Un puesto de helados que dice «Helados italianos». La imagen la ocupa casi entera una nevera de helados, con letras rojas. Sobre la cristalera de la nevera se apoya un hombre joven y mira a la cámara. Viste un polo del mismo rojo que las letras de la nevera. Tiene un tatuaje en el brazo, un fino bigote y el pelo repeinado.

Viéndola esta mañana, no llegaba a entender por qué no hice nada con ella. O sea, la foto está bien, ¿no? Supongo que no supe qué hacer con tanto color. Y con tanta cosa por todas partes. De hecho, aún no sé qué hacer, así que le he puesto un preset y fuera.

Lo extraordinario, lo raro de esta foto, no es la propia foto, que es más bien normalita, aunque yo creo que funciona. Lo raro es que es una foto posada. ¿Cuándo me has visto a mí pedir a alguien que pose? Si prácticamente me quiero morir cuando alguien me ve hacerle una foto. Solo recuerdo otras tres fotos de calle posadas a lo largo de mi vida, y cada una me costó siete noches de insomnio. Eso es lo primero que es raro.

Lo segundo que es raro, extremadamente, es que no me acuerde de hacer esta foto. Le hice hasta siete fotos y no me acuerdo de ninguna. Yo, que presumo de recordar el momento exacto en que aprieto el disparador en cada foto. Yo, que veo una foto de 2005 y te digo «pues ese día me compré un gorro bastante ridículo que llevaba una gorra incorporada, y durante todo el mes siguiente me lo puse hacia atrás hasta que alguien me hizo una foto y me enseñó cómo me quedaba de mal». Pues una mierda para ti, pretencioso.

Luego está él, el heladero. Mira qué pose, qué seguridad, qué polo por dentro, qué «italianidad». Es curioso eso de la italianidad, qué concepto. Ayer mismo salí a comer una pizza y di con un sitio que presume de napolitano. Las cosas como son, la pizza está buena, pero me chocó ver las camisetas del personal: en la espalda, cubriendo casi de los hombros al trasero y en mayúsculas: «VA FAN CULO». Al salir, paseo, que la pizza hay que bajarla, y a unos 50 metros otro restaurante, siciliano, con pinturas de El Padrino en la pared (porque claro, Sicilia). Pocos metros más y otro restaurante que también presume de italiano, una gran cadena en España, con un nombre que hace referencia a la mafia.

Me pregunté qué le parecería a nuestro heladero nuestra versión de la italianidad, nuestra idea de lo que exporta su país: pizza, pasta y crimen organizado. Y me pregunté, porque tenía ganas de controversia y de un sábado movidito, qué significa la españolidad. Se lo preguntaré a mis estudiantes de Inteligencia Cultural el año que viene, que este año ya llegan las vacaciones.

Es extremadamente raro que no me acuerde de una foto, y es extremadamente raro que reduzcamos un país de millones de personas a un par de clichés.

Gracias por venir.

/MV

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