Me da mucha rabia el calor. No rabia de «me enfado», pero casi. Como a ti, me imagino. Esa sensación de que las piernas pesan, los ojos pesan, el alma pesa. Ese arrastrarte por la vida con pereza y resignación, intentando refrescarte como sea. Esa sensación tan rara cuando notas perfectamente cómo las líneas de las manos se rellenan de sudor. El calor es como ese invitado expansivo, extravertido, que al principio te apetece pero rápidamente te sobra. «¿Y tú qué sabes lo que es pasar de calor de verdad?» Bueno, no comparemos ni nos pongamos en plan «mi calor es peor que tú calor», que algo sé.
Lo curioso es que normalmente hago más fotos cuando hace calor. Soy culpable de no cumplir ese primer consejo que te dan todos los canales de fotografía de YouTube: haz fotos todo el tiempo, independientemente de la temperatura que haga o de si llueve. Yo, que soy perezoso, ya lo sabes, las hago, sobre todo, cuando hace calor. Hace años, tenía algo de obsesión por el frío y por la nieve y me imaginaba haciendo fotos en la estepa, la tundra, lo helador. Pero cuando de verdad hago fotos es cuando hace calor, insisto. Me gusta que se queme todo (metafóricamente); me gustan los gestos melodramáticos que hacemos cuando nos abanicamos; me gusta cómo el calor democratiza la mala pinta cuando llevamos chancletas y nos remangamos los pantalones. Así que hago más fotos cuando hace calor.
En fin. Que me da mucha rabia el calor, y hoy hace muchísimo. Así que aquí te dejo estas fotos de calor. Yo voy a ver si me pongo las chancletas. Qué rabia me da el calor.









Gracias por venir.
/MV